miércoles, 29 de octubre de 2014

VARKALA : Un día de playa en familia...


Se cree que un chapuzón en las aguas de la playa de Papanasam, en Varkala al sur de India; lava todos los pecados en la vida de uno.
Yo me bañe unas cuantas veces para asegurarme... 
En estas fotos pretendo recrear la belleza de lo más simple, de lo más fácil, de lo único auténtico aquí y en la India...

Cuando viajas con tu cámara en mano, la imagen más que pretendida o buscada es ella la que te encuentra a ti como fotógrafa y te envuelve haciéndote participe de la situación con un torbellino de sensaciones, ideas y pensamientos que hacen abrir puertas en tu cabeza, que te muestran la vida con claridad.
Por lo que, más que pretender recrear la belleza de lo más simple, esta mañana paseando por la playa de Varkala me encontré con lo sublime y bello de la simpleza, sintiendo como muchas veces una extraña abstracción con mi cámara, y estas son las imágenes de aquella mañana.
La belleza de la naturalidad, del simplemente SER y no parecer ser.
La belleza de la simpleza
La belleza de un día de playa en familia
La belleza de lo único auténtico en la vida. El amor de sangre.
El amor de lo que no se elige, sino de lo que se ES.

 


NAMASTE

martes, 23 de septiembre de 2014

India: Primera parada: KERALA

Vista desde la cama en la habitación de la backwater

…Y llegamos a India. Esta vez todo me pareció de otro color, llegamos a Kerala, y para ser exacta, todo me pareció de muchos colores. Un mundo de luz, colores tropicales y pescadores que nada tenían que ver con la impresión oscura que recordaba de India del norte. 




El predominante verde del paisaje se mezclaba con los vestidos coloridos de todas ellas. Los bosques macizos de palmeras cocoteras  se extendían a kilómetros sin ningún edificio que los supere en altura, (excepto Amma´s Ashram, que es un supuesto ashram de 16 plantas de altura en medio de este paraje natural que nada tiene que ver con lo que le rodea… puro marketing meditacional occidental, un “Marina D’or ciudad de meditación para occidentales” una pena, pero al fin y al cabo, eso vende). 

Una puesta de sol con las palmeras a contra luz reflejándose en aquel lago a modo de espejo hacía un juego visual casi idílico; de estas imágenes de postal que siempre te parece haber visto en cualquier revista de viajes… 
Sistema de pesca tradional en Kerala
 
Digo “casi idílico” porque al fin y al cabo, India es India, y nada llega a ser 100% idílico, siempre hay algo que abismalmente te devuelve a la realidad Hindú.

 Norte y Sur de India parecen dos países totalmente diversos, tanto paisajísticamente, como cultural, como en el carácter de la gente, así como en volumen y masificación de la población; mucho más abundante al norte.
Casita flotante

Cierto es que el sur, al ser más sosegado hay también mucho más turismo, por lo que se nota en instalaciones, infraestructura y servicios para “el turista occidental”. Recuerdo en mi viaje al norte, una de las cosas que más echaba de menos era poder desayunar una simple tostada en vez de las samosas o cualquier otra cosa salada y la mayoría de las veces también picante; en el sur sin embargo, en todos lados ofrecen desayuno occidental.

Conociendo solo India del norte, no podía imaginar como iba a ponerme en bikini en una playa Hindú, al llegar aquí lo vi muy fácil, el bussines es el bussines y los turistas hacen lo que le da la real gana.


Tampoco hay tantas vacas por la calle, aunque también las hay, ni todo el mundo te saluda con el tan repetido “Namaste” como sucede siempre más al norte. Por lo visto, Hindúes del norte e hindúes del sur, ni siquiera hablan el mismo idioma, por lo que es fácil verlos comunicándose en inglés, ya que esta, también es la segunda lengua en India.
Por lo demás, el sur tiene lugares auténticos donde poder relajarse y desconectar de verdad, cosa que es bastante más complicado si viajas al norte.


Una de nuestras primeras paradas de relax fue en Allapey, en Kerala, donde decidimos alquilar una casa flotante en las backwaters, la que aparece en las fotos justo aquí arriba; donde nos embarcamos mi chico, el conductor,  un cocinero y yo, un barco solo para nosotros; una de estas cosas que solo en India te puedes permitir, …al menos yo…  :D
Una auténtica pasada despertar, abrir la ventana y desde la cama ir tocando el agua del rio en el que se reflejaban las palmeras, salir a cubierta y simplemente contemplar  la puesta de sol desde la terraza de la casita flotante.

Despertando en el barquito
Un viaje “casi idílico”, una puesta magnífica, un amanecer espectacular…y una noche digamos que simpática; ya que mientras nosotros cenamos, nuestros amigos el cocinero y el conductor, los cuales no hablaban nada de inglés, en cuestión de media hora se habían pillado una borrachera monumental, a saber que pudieron beber, porque nos sirvieron la comida, y en lo que llegamos a terminar, eran dos personas diferentes que en vez de hablar balbuceaban palabrejas en Hindi.

Pescando en las backwaters
 
A pesar de que no entendíamos nada de lo que nos decían, allí estaban ellos hablándonos en Hindú borracho sin parar; pues sí, esta fue la sobremesa de una “idílica” cena sobre nuestra casita flotante a la luz de la luna llena; …al final no hubo más remedio que mandarlos a dormir la mona como dos padres que acuestan a sus hijos quinceañeros borrachos.  Así es India. :D


Desde la habitación de la casita flotante
 
Al día siguiente, aunque ellos andaban algo resacosos, todo fluyó con normalidad, con unos palos, algo de hilo y un poco de pan estuvimos pescando, e incluso nos dejaron conducir por un rato la casita flotante! Seguramente, esta ha sido la primera y última vez que me vea frente a un timón de un barco. Una de estas cosas que solo vas a hacer en India.
Nuestro amigo el cocinero borracho